martes, 21 de febrero de 2012

Tu primera herramienta para la Evaluación ...La entrevista.


La entrevista continúa siendo el instrumento más extendido y empleado dentro del campo de la Evaluación psicológica, en tareas que van desde la investigación hasta la praxis y en áreas que se extienden por todas las ramas de la psicología aplicada. Mas aun, escribe Garcia Marcos (1983) que <<la entrevista debe considerarse no solo como instrumento de evaluación o exploración psicológica que precede a cualquier modalidad de intervención o de toma de decisiones (como en el caso de los test psicológicos), sino que es el sistema de interacción mediante el cual se realiza todo el proceso de evaluación-intervención >>. En efecto, la entrevista es la <<matriz>> dentro de la cual tal proceso es llevado a cabo.

            Matarazzo (1965) estima que la gran mayoría de quienes toman o cambian de trabajo en los Estados Unidos (la nada despreciable suma 30 millones de personas al año, en la década de los setenta) depende de la entrevista como principal instrumento de evaluación. Datos mas recientes no son menos impactantes. Nos dicen Edelsein y Yoman (1991)  que  <<una  encuesta  reciente sobre los psicológicos clínicos  de Estados Unidos (…) revelo que la entrevista clínica era empleado por el 96 por 100 de los clínicos y que ocupaba  el 39 de 100 del tiempo que indicaban a la evaluación>>. Volviendo al campo laboral, Morgan y Cogger (1977) insiste que la frecuencia de su uso y en que no se prevé que la entrevista puede ser descartada o reemplazada en un futuro próximo , en tareas de selección por otras técnicas. Erbsloeh (1972) apunta que, si en la perspectiva de la investigación de la investigación social es el principal instrumento de exploración, es también el instrumento de utilización más frecuente y, a veces, el exclusivo en la práctica clínica, tanto diagnostico como terapéutica (lo que, dicho sea de paso, no debe ser considerado como recomendable…). También desde la especializada  clínica, Kanfer y Phillips (1970) concuerdan en señalar la preferencia de uso. Schmidt y Kessler (1976), como así mismo Biefang (1977), subrayan, a la vez, que su importancia se extiende no solo a la praxis psiquiátrica en particular, sino a la praxis medico en general, además, por supuesto, de la praxis psicológica.
            La exploración en el área infantil tampoco es una excepción. Si bien, dado su objeto de estudio, las estrategias de observación han tenido un mayor desarrollo, la entrevista adquiere en la evaluación global unpapel importante (Pytkowicz, 1986). De allí la preucupacion creciente por el tema de la entrevista en niños y adolescentes, que se reflejatanto en artículos o capítulos (Edelbrock y Costello, 1984, 1990; Hogdes et al.,1982; La Greca, 1983; Nuttall e Ivey,1986; Pascal, 1983, capitulo 10;Witt et al., 1988 ) como en libros completos (Arfouilloux, 1977; Deegener, 1984; Greenspan, 1981).
La aproximación conductual tampoco constituye aquí una excepción. Tras un primer periodo en el que, llevada por un objetivismo a untranza, aprenas si se hablaba del uso y la importancia de la entrevista, se ha pasado a su relevación creciente. Las publicaciones ya clásicas de Kanfer y Saslow (1965, 1969) parecen haber servido en este sentido de disparadores, cumpliendo un papel similar al del  niño en el cuándo sobre el traje nuevo del emperador. Una vez que los evaluadores y modificadores de conducta se atrevieron a <<confesar>> que no solo no podían prescindir de la entrevista sino que, además , hacían uso de preferente de ella, su consideración ha podido explicitarse y constituye ya un tópico en la bibliografía más actual (véanse, por ejemplo, Edelstein y Yoman, 1991; Garcia Marcos, 1983; Hersen y Turner, 1985; Lutz, 1978; Llanova, 1983; Morganstern, 1988; Silva, 1981; Turkat, 1986; Villareal, 1981; Wilson et al., 1989). Kanfer y Grimm (1977) subrayan que se ha mantenido como un instrumento preferido en el analisis conductual. Escribe Haynes (1977) que <<a direfencia de otros procedimientos de evaluación conductual, la entrevista es uan parte indispensable en todos los casos>>. Y agrega Linehan (1977): <<La entrevista es, quizá, el método más ampliamente usado para realizar evaluaciones conductuales  clínicas (…). En la terapia individual, especialmente con adultos, es a menudo el método primario de evaluación. Su uso en contextos clínicos es propugnado por muchos conductistas, incluyendo a aquellos que al mismo tiempo subrayan la importancia de un análisis riguroso >>. Meyer et al. (1977) apuntan a su vez, con razón, que la entrevista reviste, por así decirlo, a los otros métodos –la idea de <<matriz>> que señalábamos más arriba-, jugando un papel crucial en todo en foque conductual de amplio espectro. Llegamos recientemente al punto de observar que, según Edelstein y Yoman (1991), <<la entrevista conductual es, sin lugar a dudas, el procedimiento de evaluación conductual mas frecuentemente utilizado>>, citando en su apoyo a diversos autores.
            La expansión del uso de la entrevista es también grande. Ya hemos citado algunos ejemplos. La entrevista es investigación social (véanse, entre otros, Bradbun  y Sudman, 1979; Dijkstra y van der Zouwn, 1982; Witzel, 1985), en el campo aplicando de las organizaciones (véanse Acevedo y Lopez, 1981; Cardona, 991; Fear, 1979; Goodale, 1988; Morgan y Cogger, 1977, además de los clásicos…) en el campo teraupetico(véase Cormier y Comier, 1985; Roji, 1986), en otros, son ya de sobra conocidos. Pero se extiende también a campos como la valoración de programas (véanse Patton, 1980) o el de los peritajes dentro de la Psicología jurídica (véase Koehnken y Brockmann, 1988). En cuestiones más especificas concernientes a la entrevista en niños y adolescentes, en Evaluación conductual, en organización etc., no podremos entrar, manteniéndonos en una perspectiva general de la entrevista que, eso sí, alimentara preferentemente a de la vertiente clínica.

 

Tipos de entrevistas: estructuradas y semiestructuradas
Para llegar a un diagnóstico más fiable sobre el(los) problema(s) del paciente, es útil el empleo de entrevistas clínicas estructuradas y semiestructuradas. Estos tipos de entrevistas presentan una lista de síntomas y variables a evaluar en el paciente y varían en su grado de flexibilidad, desde entrevistas muy poco estructuradas (muy flexibles) hasta otras altamente estructuradas (nada flexibles). En estas últimas, por ejemplo, todas las preguntas se encuentran especificadas y el entrevistador actúa como mero elemento pasador de la entrevista, sin posibilidad de inclusión de juicios clínicos u otro tipo de información que no esté claramente indicado en la entrevista.

Las entrevistas estructuradas proporcionan una evaluación sistemática al normalizar: 1. El lenguaje específico de las preguntas clínicas; 2. La secuencia de estas preguntas, y 3. La cuantificación  de las respuestas (Rogers, 2001). Se supone que esta evaluación sistemática de los síntomas relevantes reducirá los diagnósticos erróneos. Por el contrario, en las entrevistas semiestructuradas el entrevistador puede hacer sus propias preguntas para clarificar y ahondar  aspectos del diagnóstico que no han quedado claros. Muchas veces es difícil que una adherencia estricta a las preguntas de la entrevista sirva para cubrir todas las eventualidades. Seguidamente se revisan muy brevemente algunas de las entrevistas estructuradas y semiestructuradas más utilizadas (Blanchard y Brown, 1998; Rogers, 2001):
-          Los “Exámenes del estatus mental”.
-          La “Entrevista diagnóstica”.
-          Las “Entrevistas para los trastornos afectivos y la esquizofrenia”.
-          La “Entrevista clínica estructurada para los trastornos el Eje I del DSM-IV, Edición del paciente”.
-          La “Evaluación extensa de los síntomas y la historia”.
-          El “Examen del estado actual”.
-          La “Entrevista diagnóstica internacional versión 2”.
-          La “Mini-entrevista neuropsiquiátrica internacional”.


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